Aquel barco se detuvo, cubierto por la inmensidad de la soledad. La luna iluminó cristales en sus ojos que caían como estrellas fugaces en la oscura noche. Pero ahí estaba él, a su lado, para recordarle que no existirá nada en este mundo que pueda separarlos. Con un abrazo mágico sello el pacto eterno que los une para siempre, y los convierte en compañeros de viaje, en compañeros de la vida...
Capitan del mar, Trovador del alma

No hay comentarios:
Publicar un comentario