domingo, 2 de agosto de 2009

Princesa del mar


Las aguas se detuvieron y un silencio nos invadió. Al este, a lo lejos, una inmensa bola de fuego salía detrás del horizonte, mientras una mancha azul nos rodeaba y una tela celeste nos cubría. Los primeros rayos de magia del día alumbraban nuestros rostros mientras nos asombrábamos al ver un episodio extraño, como nunca habíamos visto. Al tiempo que los rayos venían del este, una pequeña (pero brillante) luz blanca comenzaba a aparecer desde el oeste, en la base del horizonte.

El tiempo se detuvo y la mitad del barco aun permanecía a oscuras mientras la pequeña luz que brillaba por el oeste cada vez era más brillante y más grande. Al parecer, se acercaba.

Asombro, miedo, duda y curiosidad sentían nuestros corazones, al ver que el mundo dejaba de girar para contemplar la aparición de una mágica luz brillante que nadie conocía. Atinamos a cerrar los ojos por temor, pero parecían inmóviles ante tan gloriosa luz, nuestros parpados no decidieron responder y continuaron en su lugar. Segundos antes de que la luz invadiera la inmensidad del navío nos abrazamos y logramos cerrar los ojos.

En ese instante una inmensa paz habito nuestros corazones y atinamos a abrir nuestros ojos para buscar de donde provenía ese sentimiento. Al ver hacia el centro de la nave pudimos observar una luz que comenzaba a apagarse para dejar deslumbrar la figura de un ser desconocido. En ese instante comprendimos que nos hallábamos frente a la princesa del mar, a nuestra hermana del corazón. Esa persona que irradia nuestros días con sonrisas puras, haciéndonos recordar que aun seguimos vivos y que el viaje continúa.

Nos obsequio un abrazo de paz, y lleno nuestros corazones con las sonrisas más grandes y brillantes que puede tener una pequeña ninia con su cara de cristal. Poco tiempo nos acompaño ya que así como llego se fue, buscando otras personas a las que iluminar con su sonrisa, vagando por los mares recordando a los viajeros la paz que sus corazones guarda, a veces, bajo llave.

Dicen que vaga por los mares sanando su herida, la que sangra por dentro, dicen que en las oscuras noches se la oye cantar melodías del corazón para calmar al dolor. Una gran deuda tenemos para con ella, aunque ella no quiera cobrarla. Pero en su alma sabe que en nuestro barco mágico hay lugar para una persona tan especial, una princesa del mar, una hermana del corazón....

Capitan del mar, trovador del alma

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